Dramática, desgarradora, penetrante, trágica y todos cuantos adjetivos con significado similar puedan y quieran añadir, pero, y siento mucho decirlo, no es una película notable. Se salvan dos temas (casi tres): la actuación de Chalamet quien se llevó un montón de nominaciones por su grandioso trabajo (de hecho, su actuación salva la cinta de pasar inadvertida).
Si el director y/o guionista le hubieran otorgado un plano secuencia narrando sus vicisitudes al estilo Allen, más de una nominación se hubiera materializado. También se salva su banda sonora, aunque no por su calidad, que la tiene, sino por un magistral uso de ritmos, volúmenes y cadencias que acrecientan el significado de la secuencia que acompañan.
En muy pocas películas he visto (y oído) un uso tan acertado de la música.
El casi tercer tema que salva la película es la historia que narran. Es muy fácil identificarse con David Scheff (interpretado por un acertado, aunque no sobresaliente, Steve Carell) sobre todo a quienes tenemos hijos de edad similar al protagonista. También hay un uso de flashbacks muy oportuno y se presentan de manera muy natural casi siempre acompañando pensamientos del padre.
Todo ello puede implicar que estamos ante un producto notable, pero la verdad es que tiene varios fallos: La película no tiene subtramas.
Desconocemos cómo afecta todo lo que ocurre en el trabajo y vida afectiva del padre, también desconocemos el infierno que seguramente pasó el hijo y lo que tuvo que hacer para conseguir el dinero para comprar droga y aunque Carell haga un papel bien trabajado, no va mucho más allá, pues su personaje está más cerca de ser un observador activo/emotivo que de un padre destrozado por la situación que tiene que vivir.
Lo que sí me parece magistral y muy original es cómo se presenta y cómo se prepara al público para el desenlace de la película, se hace tan bien que uno llega a creer que es el desenlace natural de toda la trama y que ya no puede ser otro.
Afortunadamente para los Scheff, el desenlace presentado no será el final de la película, y desafortunadamente para la trama, no termina con el final tan trabajosa y originalmente anunciado, sino que finaliza sin cerrar nada. El público nunca sabrá si el chico volverá a engancharse y, por tanto, si padre e hijo conseguirán o no lo que han ido persiguiendo durante dos horas de película.
Por cierto, alguien debería explicar al director que una trama, y mucho menos una con una carga emocional tan fuerte, NO se puede cerrar con unas palabras escritas en la pantalla. Es algo decepcionante que empeora el producto sobre todo si sucede en lo que debería ser el clímax.
En definitiva, Chamalet hace buena una película que no tiene nada especial salvo el uso de la música, la facilidad de identificación con el padre y la presentación de un final que luego no ocurre.