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Crítica de cine

Deprisa, deprisa

1981 · Drama · 99 min · Dirección: Carlos Saura

Un grupo de jóvenes del extrarradio de Madrid vive al límite entre atracos, coches robados y heroína en la España de principios de los ochenta. Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1981.

No es una película al uso. Podría tratarse de un fragmento de la vida de unos delincuentes callejeros que viven "deprisa deprisa". El guión es una sucesión de acontecimientos dentro de la vida de sus personajes. No hay detonante, ni primer punto de giro, ni segundo, ni clímax. Solo hay un desenlace que es previsible desde el primero momento para este tipo de situaciones: cárcel o muerte. No hay ficción.

No obstante, lo que ocurre en la película no está basado en hechos reales aunque son situaciones perfectamente posibles y cotidianas dentro del lumpen del barrio de extrarradio. La intención de Saura fue crear un producto de denuncia social al mostrar una realidad existente en la España de inicios de los 80 que la sociedad prefería ignorar a excepción de los perjudicados por las fechorías de estos delincuentes.

Es una mezcla de película y documental protagonizada por actores no profesionales cuya cotidianeidad contenía drogas, atracos, cárcel y calle; es decir, protagonizada por delincuentes habituales. Que realizaban actos como los que se cuentan en la película. Las interpretaciones, pese a la limitación de los actores accidentales, no están todo lo mal que se podría esperar.

Es cierto que hay alguna sobreactuación perfectamente comprensible pero forma parte de la idiosincrasia del producto. Esta película no podía ser rodada por actores profesionales. El resultado hubiera sido completamente distinto. Ha habido muchos bulos sobre ella. Se ha dicho que alguno de los actores cobraban droga en lugar de dinero.

Otro que solo podía grabar cuando salía de la cárcel con permisos especiales, aunque lo que es cierto que Pablo (José Antonio Valdelomar) y el Meca (Jesús Arias) fallecieron antes de los 35 años (el primero por sobredosis en la cárcel y el segundo sin nadie que reclamara sus restos). Curiosamente, la chica, Ángela (Berta Socuéllamos) desapareció de la vida pública y del cine tal como lo hace al final de la película.

Se perdió, se diluyó en la sociedad y nunca se ha sabido más de ella. El formato de las tomas es realista, no está atenuada ni magnificada por trucos de iluminación, las caras de los actores están maquilladas lo justo para evitar brillos. No se esconden granos ni imperfecciones cutáneas y no hay cuidados en manos, pies y uñas. La banda sonora es adecuada aunque cansina, se repiten dos canciones hasta la saciedad.

Personalmente hubiera seguido en la misma línea (con Los Chunguitos) aunque cambiando de canción. Por cierto, la cinta ganó el Oso de oro a la mejor película en el festival de Berlín de 1.981. No hay que buscar en ella un producto típico cinematográfico.

Es distinto aunque vale la pena verla, es un retrato fiel de una época y de la delincuencia habitual de aquel tiempo lejos del guante blanco, de la corrupción política y de los delitos cibernéticos. Es delincuencia artesanal y dura. Tan dura como real.

Crítica publicada el 26 de diciembre de 2014 · actualizada el 4 de octubre de 2026

Ficha de la película

Año
1981
País
España
Género
Drama
Duración
99 min
Dirección
Carlos Saura
Reparto
Berta Socuéllamos, José Antonio Valdelomar, Jesús Arias, José María Hervás Roldán
Estreno en España
3 de abril de 1981

Datos de la ficha y sinopsis: TMDB. La película y su material pertenecen a sus titulares.

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