Coproducción yanki, británica y teutona donde cada uno pone su lo suyo: EEUU el casting, El Reino Unido el guionista y al autor de la novela original (ni más ni menos que John Le Carré, quien, por cierto, hace un cameo a modo Hitchcock) y Alemania las localizaciones. Es una película con actores de Hollywood producida en Europa en su más puro estilo.
Es decir: no hay secuencias especialmente espectaculares, se entrega la información muy lentamente y las peripecias principales no son evidentes ni dramáticas, lo que le va al pelo al oscarizado P.S.
Hoffman en la construcción de su personaje, aunque, a decir verdad, no necesita que nadie le facilite el trabajo; pues él, como nadie (o muy pocos) sabe representar su papel de manera tan natural que no parece, en ningún momento que actúa.
No se mete en la piel de sus personajes, él hace lo más difícil, mete a los personajes en su piel y Gunther Bachmann (su personaje en esta película) no es una excepción por mucho que esté exento de gestas, proezas y hazañas notables.
Se nota que el director se dedica básicamente a la fotografía y a la realización de vídeos pues hay tomas de todo tipo y colores: cámara fija en la que se mueven los personajes por su encuadre (que llegan a convertirse en contrapicados); steady con suaves movimientos, primeros planos con cámara que se mueve como una barca navegando en mar rizada y primerísimos planos reservados casi exclusivamente a objetos y detalles que resultan ser importantes en el desarrollo de la trama.
También tira de pseudo-flashbacks para detallar algunos hechos relevantes y de tomas multicámaras al estilo de garita de cuerpo de seguridad. Todo ello redunda en que la obra sea muy atractiva visualmente por mucho que las localizaciones sean anodinas y no aporten ningún valor añadido (ni tampoco lo restan).
En cuanto a la narrativa, lo más destacable (y no por bueno, precisamente), es que el espectador no se da no cuenta y avanza hasta el tercer acto que consta de una resolución de la trama poco espectacular (como el resto de la película), aunque contenga una maniobra que deja a personajes y público sorprendidos y puede que decepcionados.
Por cierto, no hay subtramas relevantes (ni siquiera del personaje principal) ni arco de transformación de nadie. El protagonista no busca nada y acaba la película tan amargado como empieza (menos mal de Hofmann).
En definitiva, tenemos una película visualmente atractiva, bien dirigida, con poca acción y un Hofmann soberbio con un resultado global muy aceptable.