La mayoría de las películas son una sucesión de escenas con algunas más importantes que otras cuya misión es hacer avanzar la trama. En este sentido, esta película es atípica puesto que no está formada por una sucesión de escenas sino por un torbellino de escenas, un tornado, un terremoto de escala 8,5. No dejan en paz al espectador, la siguiente escena es siempre más escabrosa y con más carga que la anterior.
Sin embargo; los puntos de giro son muy sutiles. Esto choca con el resto del guión. Son reflexiones o decisiones personales de Jordan Belfort (Leonardo Di Caprio) las que dan paso de un acto a otro. Scorsese, como siempre, ejecuta de manera magistral un guión hecho a medida para Di Caprio quien hace un papelón. Da la sensación que Terence Winter, el guionista (Los Soprano, Boardwalk Empire…) escribió el libreto con una foto de Leonardo delante y preguntando a Scorsese como sacarle más partido al actor quien, por cierto, hace una actuación antológica.
Verle trabajar en esta película es verle disfrutar. Está en su salsa (interpretativa, por supuesto). Los personajes con excesos y obsesiones son su Santo Grial. Los persigue, los encarna y los perfecciona. No sé si Matthew McConaughey hizo más méritos que Leonardo para llevarse el Óscar al mejor actor, pero lo que está claro es que El Lobo de Wall Street fue la gran perdedora de los premios cinematográficos de 2014.
A mi juicio, no ganó todos los premios que podía haber ganado. ¿Mucho sexo y drogas? ¿Escenas con actitudes y actividades poco recomendables e hirientes? Puede que sí. Puede que ésta sea la razón. La mojigatería Hollywoodiense no pudo censurar la película (que no hubiera visto la luz solo unos pocos años atrás) pero censuró los premios que se merecía aunque no tuvo más remedio que nominarla.
La complicidad de Belfort (Di Caprio) con el público bien conseguida y adecuada. El resto de actores muy bien, ambientación sin demasiadas virguerías pero correcta. La fotografía no resalta por ser maravillosa pero la película tampoco la requiere y la banda sonora notable, bien puesta y bien escogida. Tal vez y solo tal vez, Winter, tendría que haber añadido una lección moral en su guión.
Tal como está, la depravación y el vicio no pierden sino que, cuando debes prescindir de ello y haber pagado (penalmente) por los excesos, sirven para llegar a una vida cuanto menos deseable para el resto de los mortales. La sensación que me da es que el castigo para Jordan Belfort no es suficiente.