Dicen que lo mejor que le puede ocurrir a un árbitro de fútbol es pasar desapercibido. Esto es lo que ocurre en esta película. El detonante y los giros pasan casi desapercibidos. Ni siquiera el clímax tiene una gran fuerza dramática.
Las peripecias principales de la película no tienen esta carga añadida de acción o sentimientos que la mayoría de historias necesitan para avanzar y, sin embargo, la historia atrapa ineludiblemente al espectador. Esto es tan meritorio como difícil y convierte a esta cinta en un producto de excepción y digno de admirar.
Sus saltos en el tiempo son ejecutados de una manera sigilosa (como si no ocurrieran) aunque son evidentes; la trama va avanzando sin que el espectador se dé cuenta y el enganche se produce de una manera tan sutil como efectiva.
El final de la película ocurre sin grandilocuencias y es capaz generar en el espectador un pensamiento individual de "aquí se acaba todo" que deja sonriente y satisfecho pero con ganas de repetir. Esta película es un Must y debe verse. Me hubiera gustado una BSO más extensa o más evidente aunque esta pequeña y casi inadvertida imperfección, no enturbia para nada la calidad del resultado final.
En definitiva, el guionista magistral, el director soberbio, la ambientación perfecta, los actores impresionantes. Sobre todo ellas. Tal vez con alguna toma un poco más larga de Amy Adams, ésta se hubiera llevado el Oscar o hubiera tenido más posibilidades al competir por el galardón con la bella y efectiva Cate Blanchett en Blue Jasmine.