En la mayoría de las películas, el personaje principal busca algo y, en su búsqueda, sufre una transformación que puede ser leve, moderada o radical. Este arco de transformación es consecuencia de la trama y de las vicisitudes que debe pasar el protagonista para conseguir su objetivo.
En esta película lo importante no es la búsqueda del objeto perdido de turno y si lo encontrará o no (esto llega a pasar a un segundo plano) sino como cambia Walter Mitty (Ben Stiller) a lo largo de la trama. El arco de transformación toma un protagonismo inusitado hasta convertirlo en la principal trama de la película.
El mérito del equipo de guionistas es precisamente éste, convertir lo que es una consecuencia habitual en la mayoría de historias cinematográficas en la motivación principal de la historia y con lo que se queda el público cuando abandona la sala. De hecho, da igual si al final encuentra o no el buscado negativo 25. Lo importante es la lección de vida que intentan transmitir.
Los puntos principales del guión son bastante suaves. Tal vez eche a faltar una mayor intensidad en el clímax que pasa casi sin despertar emociones en el espectador. Esto demuestra que lo importante aquí no son las peripecias aristotelianas de todas las películas.
Lo importante son las subtramas que transcurren en todos los actos que llevan escalonadamente hasta un final que viene a decir simple y llanamente que Mitty ha cambiado y ya está. Es curioso observar como la mayoría de subtramas tienen un inicio, un nudo y un final muy rápidos. No acompañan la trama ni se resuelven junto a la principal. Esto le da un toque de ligereza y agilidad al guión sorprendente.
Pese a la simpleza aparente de la construcción de la historia, el resultado es bueno. Ben Stiller dirige y actúa bien aunque no de manera brillante. La banda sonora pasa inadvertida (salvo la original y pintoresca versión de Odisea Espacial de David Bowie que enlaza con la real). Por otra parte, la iluminación y fotografía son excelentes. Un detalle: hay una secuencia que comparten Ben Stiller y Sean Penn.
Fíjense en el aplomo y en el peso de cada actor. Fíjense en a quién quiere más la cámara. Fíjense en cuál de los dos atrae más la atención del público. Stiller es un buen actor pero Penn es un monstruo.